Conozcamas

ROMA HOY
Ave, Roma. El hombre contemporáneo, quizá por motivos de modernocentrismo, cree que todo se inventó en su época y que la antigüedad era un infierno plagado de enfermedades, falta de confort y poca diversión. los inventores, arquitectos, ingenieros y científicos romanos sobresalieron por su sentido práctico e ingenio para resolver dilemas cotidianos y legarle al mundo genialidades que lo han hecho un lugar más agradable y seguro. La calefacción, carreteras y operación de cataratas tienen un antecedente romano que continúa vigente hasta hoy. ¿Sorprendido? Sigue leyendo. Por Mr. Jingles y kim armengol. Gráficos por Patricio Betteo

MEDICINA
Los cirujanos romanos eran hábiles conocedores de la anatomía humana, y empleaban un
instrumental que provocaría la envidia de más de un médico moderno. Practicaron intervenciones que iban de lo urgente y funcional, a lo estético.


Escalpelo
Valiéndose de acero traído desde las provincias austriacas, los médicos romanos disponían de filosísimos equivalentes antiguos al bisturí, llamados scalpellus (en foto, abajo). Con ellos podían cortar sin problema piel, músculo y tendón.

Instrumentos para amputar
De manufactura semejante al scalpellus, cuchillos más grandes y pesados eran empleados para rebanar miembros. Esta práctica debió ser común en los campos de batalla.

Operaciones de ojo
Los romanos llevaban a cabo operaciones de cataratas. El galeno Cornelio Celsio, quien vivió en la época del emperador Tiberio (14-37 d.C), ha descrito los procedimientos, en donde se empleaba un finísimo instrumental tan delgado como una aguja –descubierto en Montbellet, Francia, en 1975– para remover manualmente la catarata. El paciente se aguantaba el picotazo, mientras un segundo médico le sujetaba la cabeza. Al parecer, la intervención solía ser un rotundo éxito.

Cirugía plástica
Llámenle vanidad, pero los medici de la antigua Roma llevaron a cabo operaciones de carácter meramente estético. La práctica de ‘devolverle’ el prepucio a alguien, a quien se le había extirpado, era común. Si por error algún ciudadano romano tenía la circuncisión, corría el riesgo de ser objeto de burlas en los baños públicos y demás lugares donde la desnudez era normal, y mostrar los genitales sin ningún tipo de modificación, un orgullo. También se reparaba quirúrgicamente un lóbulo estirado en exceso por cargar un arete pesado.

Trepanación
¿Suena bárbaro? Un poco. Al parecer las heridas de guerra eran la razón principal para que los médicos de la antigüedad se atrevieran a abrir un cráneo humano con razones curativas. Se pensaba que con la trepanación podían paliarse los efectos de una lesión seria en la cabeza. Además de este motivo, se creía que aliviaría la presión en el cerebro debido a la hidrocefalia. En la antigua Roma,
un médico también podría pedir que te treparan si padecieras un “dolor de cabeza incurable”. ¿Migraña, alguien?

Anticonceptivos
El filósofo griego Aristóteles ya hacía notar que untar aceite de oliva en “la parte donde cae la semilla” del varón prevenía los embarazos no deseados. Este remedio era ampliamente utilizado por la ciudadanía romana, y curiosamente no fue redescubierto sino hasta la primera mitad del siglo XX (en 1938, la británica Marie Stopes publicó un estudio en el que se comprobaba que el aceite de oliva en verdad es un poderoso anticonceptivo). Sin embargo, no era la única opción en tiempos romanos: el médico Dioscorides (40-80 d.C.) llegó a enlistar unas doce plantas que funcionaban como contraceptivos –y también se ha probado su utilidad–, pero quizá conllevaban serios efectos secundarios. Por otro lado, se ha especulado si los romanos inventaron el condón –en parte gracias a un texto de Liberalis, quien hace un recuento mítico de una especie de ‘protector de pene’ utilizado por el rey Minos para el coito–, pero no se ha establecido ninguna conexión irrefutable.

Catéteres
Fabricados impecablemente en bronce (en foto, abajo), se usaban en hospitales romanos para tratar padecimientos genitourinarios, y fueron herencia del doctor griego Erasitrato. Se han hallado catéteres del año 79 d.C (en las ruinas de Pompeya), y no se volvieron a usar médicamente hasta el año… 1700.

‘Speculum’
Probablemente el instrumento más avanzado de la medicina romana. El speculum (en foto, abajo) era empleado por los ginecólogos para dilatar e inspeccionar la vagina. Su espectacular sistema de atornillado para abrirse gentilmente, así como su pulido acabado, no fue superado –artesanalmente hablando– ni siquiera por herramientas similares del Renacimiento.

Prótesis
De nuevo, los horrores de la guerra trajeron un avance médico. Sergius Silus, quien combatió en la Segunda Guerra Púnica (218-201 a.C.) en Cartago y, al perder una mano, obtuvo una falsa, hecha de hierro. Más famoso es el caso de la pierna falsa de Capua, en Italia central. Este hallazgo arqueológico reveló un esqueleto del año 300 a.C. con una pierna de madera recubierta con una sábana de bronce. En la parte superior, la que se debió pegar al muslo, la prótesis era cóncava y se cree que en la base tenía un pie falso tallado en madera.

COMUNICACIONES Y TRANSPORTES

Los romanos acortaron las distancias y el imperio se volvió una red conectada por correo, telégrafos y miles de millas de carreteras.

Carreteras
No es secreto que los antiguos romanos se destacaron por la construcción de carreteras. El imperio romano, sobre todo, dependía de sus caminos para dos misiones vitales: fiscal y militar. Por un lado, les permitía un mejor procuramiento del cobro de impuestos. Por otro, la movilización de tropas (una cuestión importante a la hora de sofocar rebeliones). No debería sorprendernos, dado el nivel de excelencia que alcanzó la ingeniería romana, que muchas de estas carreteras permanezcan intactas a la fecha. Las primeras estaban hechas de madera, y comúnmente se levantaban para atravesar terrenos pantanosos. Más adelante, se les ponía una base de arena, y encima de ésta una capa de concreto y una de piedras. Luego, se le pasaba otra capa de arena y una de cal. Finalmente, se revestían con bloques de piedra y concreto. Además, eran convexas, para evitar que se inundaran y el agua se drenara con facilidad. El viejo refrán de “todos los caminos conducen a Roma” tiene una lógica implacable, pues las carreteras del imperio, para el siglo II d.C., en verdad consistían en una red que conectaban a la capital con las provincias. En esta época, los ingenieros romanos habían levantado 78,000 km de carreteras, con lo que podrían haberle dado dos veces la vuelta a la Tierra.

Cartografía
Los romanos heredaron de los griegos su pasión y conocimiento del arte de hacer mapas. Los helénicos habían inventado los conceptos de latitud y longitud, y el imperio, de nuevo por motivos comerciales y militares, empleó ese conocimiento para desarrollar a tope la cartografía. Curiosamente, el cartógrafo más eminente de tiempos romanos era egipcio y hablaba griego: nos referimos a Ptolomeo de Alejandría (90-168 d.C.), quien sentó las bases que se emplearon en los mapas marítimos hasta bien entrado el siglo XVII.

Odómetro
Viene del griego hodometer (hodos, ‘camino’ y metron, ‘medida’) y, por sorprendente que suene, fue una invención romana que les permitió conocer la distancia que habían viajado en un recorrido. Originalmente una idea del arquitecto romano Vitruvio consistía en un sistema de engranajes que medía con precisión cada vez que un carruaje recorría una milla –el engranaje principal, de 400 dientes, contaba una milla al dar, precisamente, 400 rotaciones–. Cuando esto sucedía, un mecanismo soltaba una piedra en una caja. Al final del camino se contaban las piedras. Al parecer, el diseño sonaba muy bien en papel, pero era difícil de llevar a cabo a la práctica. Leonardo da Vinci, por ejemplo, intentó construirlo en el siglo XV y no pudo. Hasta el XX se consideró que el odómetro de Vitruvio era sólo una buena idea, pero que en realidad nunca se había empleado. No obstante, en 1981, el ingeniero André Sleeswyk publicó una nueva propuesta al respecto, y construyó el odómetro basándose en los planos originales. Los historiadores ahora creen que el imperio debió comisionar al arquitecto romano con un odómetro para calcular distancias durante la construcción de carreteras.

Barcos de Hélices
Invención tardía, al menos en papel, fue la de propulsar un barco por medio de hélices. Valiéndose del principio del odómetro, pero en reversa, con puro músculo podría accionarse el mecanismo que activara las hélices y moviera un buque por el agua. En el año 370 d.C., un manuscrito anónimo titulado De Rebus Bellicus (‘Sobre asuntos militares’) incluye un plan de propulsar a la flota imperial con bueyes accionando el mecanismo de hélices.

Faros
La primera red de faros era romana. El sistema, que ayudaría a la navegación de la flota imperial, fue construido en 50 d.C. en Ostia, el puerto de Roma, por órdenes del emperador Claudio. Tenía cuatro pisos y medía 97 m de alto por 20 de ancho. Para el año 400 d.C. existían 30 faros romanos en todo el imperio (afuera de Italia destacaban los de España y Francia), los cuales proveían luz a través de fogatas gigantescas que se reflejaban en grandes espejos de metal. Al caer Roma, los bárbaros no tenían los conocimientos –ni necesidad– para mantener los faros funcionando, así es que, los que no fueron abandonados se convirtieron en torres de vigilancia militar.

Correo
Le llamaban cursus publicus, un servicio postal impecable que funcionaba a lo largo y ancho del imperio. Sin embargo, prácticamente no era empleado por el ciudadano común, se trataba de un organismo que trabajaba para el Estado, con un vasto equipo de carteros, estaciones de correo y barcos, que mantenía al emperador y sus oficiales en contacto con la burocracia local que radicaba afuera de Roma. Además, funcionaba como una especie de ‘agencia noticiosa’: los últimos acontecimientos de la capital se llevaban hasta los lugares más recónditos de Roma y ahí se leían en voz alta en plazas y otros sitios públicos. A la caída del imperio, los bizantinos y el islam absorbieron parte del cursus publicus, pero en Occidente no se adoptó formalmente un sistema postal hasta la época moderna. Y aunque los romanos no inventaron el ‘correo aéreo’ –sino los sumerios–, eran hábiles entrenadores de palomas mensajeras.

Telégrafo
Mediante señales de fuego y un sistema de signos, los romanos perfeccionaron el ‘semáforo’ griego de Polibio. Se trataba de una manera eficiente de comunicar ejércitos a la distancia, valiéndose de tres soldados, alineados, con antorchas y un código popular en la época: el alfabeto griego. Alfa, por ejemplo, se telegrafiaba cuando el soldado del extremo izquierdo levantara la antorcha una vez. Cada vez que uno recibía una señal, la escribía en papel y la transmitía a la siguiente estación. Este método de comunicación a distancia era particularmente útil en el muro de Adriano, una muralla de 193 km de largo que levantó el imperio romano durante su estancia en Escocia. Se ha dicho que el telégrafo romano era el más eficiente de la antigüedad y que fue, a su manera, un precursor del código Morse.

VIDA URBANA
Los antiguos romanos disponían de un sistema de urbanismo sofisticado para la época; complejos de departamentos, baños públicos y hasta algo muy semejante a papel sanitario reutilizable.

Unidad habitacional
La idea de construir departamentos no es tan nueva como creemos, los romanos en el siglo IV d.C. ya la practicaban. Las clases populares habitaron el insulae, lo más próximo a lo que conocemos como complejos de departamentos. Eran edificios de cuatro o cinco pisos, poco confortables, sin agua corriente y era fácil que se quemaran. Estaban construidos con cemento y materiales resistentes, y se cree que, tras el incendio de Roma en 64 d.C., tenían una capacidad aproximada de 400 personas. Los hombres adinerados vivían en los domus, casas de un piso divididas en habitaciones (comedor, sala, alcoba); eran construcciones amplias e iluminadas. Las cocinas usualmente eran pequeñas y cercanas a los baños.

Divorcio
Si bien los romanos le dieron más importancia que otras culturas a la mujer al compartir los banquetes y la autoridad, su papel continuó restringido; deshacerse de la pareja no implicaba el papeleo actual y era relativamente fácil. El hombre tenía que decirle a la mujer tuas res habeto (toma tus cosas), y el matrimonio quedaba anulado. Más adelante el vínculo concluía con una ceremonia llamada diffarreatio o la mancipatio, que es la transmisión de la potestad del marido en favor de un tercero.

BOMBEROS
Los centros urbanos del Imperio Romano eran presa fácil del fuego. Durante los primeros años de nuestra era, Herón de Alejandría perfeccionó una bomba de agua que se usaba desde el siglo III a.C. Sin embargo, el invento no bastaba y se usaban esclavos (Familia Pública) para sofocar el incendio. Pero fue en Roma donde Craso (114 a.C-53 a.C.) inventó las brigadas de bomberos: apagaban el fuego si el dueño de la vivienda la vendía después a un precio irrisorio. Estos grupos de esclavos se convirtieron en el año 6 en los Vigiles gracias al emperador Augusto, y con el tiempo ganaron un rango similar al de las élites militares.

Baños públicos
Fueron muy populares en la Antigua Roma y lugar de reunión animado. La ciudad tenía 952 de estos baños en el 354 d.C., donde los ciudadanos podían bañarse, cortarse el pelo, hacer ejercicio en el gimnasio, leer y consumir bocadillos. Los más grandes baños públicos eran llamados thermae y eran propiedad del Estado. Un romano que acudía a los baños para tomar una ducha tenía que pasar por el tibio, el caliente y el seco, caliente y vaporoso y, finalmente, era zambullido en un baño frío en el frigidarium, como un spa. Se consolidó como práctica trascendental durante el imperio y se dice que los romanos daban más importancia a sus baños que a los dioses.

ACUEDUCTOS
Con urbes de alrededor de un millón de habitantes, era necesario encontrar un método de abastecimiento de agua, por lo que se inventó por vez primera un sofisticado sistema de acueductos. Algunas casas no tenían que almacenarla, ya que contaban con la posibilidad de que el líquido corriera (como en la actualidad).

Esparcimiento
A la hora de la diversión los romanos se pintaban solos. Los circos romanos eran las instalaciones más importantes para el entretenimiento y fueron parteaguas en la construcción de foros monumentales, con exuberantes fachadas exteriores; estos recintos proporcionaban asiento a 10 mil espectadores, en lo que hoy conocemos como gradas. La construcción de teatros y anfiteatros fue característica de Roma (sin antecedente griego); el primero se construyó en 80 a.C., en Pompeya. El ejemplo más denostado es el anfiteatro Flavio, en Roma, popularmente conocido como Coliseo, con una capacidad para albergar a 50 mil personas.

Sexoservidoras
En el siglo III d.C., en Roma había 45 burdeles que abrían después de las 15:00 para no interferir en las actividades laborales de los habitantes. Las prostitutas solían utilizar vestimentas y joyas llamativas, y tenían que teñirse el cabello e inscribirse en un registro nupcial. Era común encontrar símbolos fálicos dibujados en las puertas de los recintos para atraer la atención. Los burdeles, llamados lupanares en la antigua Roma, tenían una gran reputación: había 32,000 prostitutas en el siglo I d.C. Las había por clases: meretrices, registradas en listas públicas; prostibulae, ejercían la profesión donde podían y no pagaban impuestos; delicatae, de alta categoría, para senadores y hombres de negocios; ambulatarae, trabajaban en la calle o en el circo; y las famosae, de alta categoría, que se dedicaban al oficio por placer. Se conoce la existencia de prostíbulos para mujeres de la clase alta.

Snack Bar
Curiosamente, los antiguos romanos contaban con un tipo de snack bars muy concurridos, donde se reunía la clase media y trabajadora a degustar sus alimentos. Se sabe que en estos recintos era común que se sirviera comida caliente, bebidas, carne, queso y pasteles, además, se bebía vino, algunas veces servido con agua (incluso de mar). En épocas de frío servían una mezcla de vino con agua caliente saborizada con especias y endulzada con miel. El típico snack bar romano tenía fragmentos de mármol en la fachada, como locales abiertos que daban a la calle. En Pompeya hay vestigios de unos 200.

EScusados
Los baños públicos tenían una amplia zona de inodoros comunitarios: asientos de mármol con flujo constante de agua, lo que los convirtió en los primeros tocadores de esta índole. Los romanos gustaban de platicar, acordar citas y hasta negociar mientras se encontraban sentados. Tenían un canal inferior frente a los asientos, acondicionado con una esponja empapada en agua salada, atada a un palo, para que los usuarios pudieran asearse después de usar el escusado.

FUERZAS ARMADAS
La consolidación del Imperio Romano fue posible gracias a un brillante cuerpo militar y a una gran visión estratégica.

Armaduras
El blindaje de los soldados romanos en la época del emperador Adriano (76-138 d.C) consistía en una armadura con malla de metal tejida como cadena (cota de malla) y armadura montada sobre piel o lino. La falda, hecha de tiras de cuero con metal plateado, ofrecía protección a las piernas. Finalmente, utilizó un casco de hierro (yelmo) en las batallas para proteger cuello y cabeza. Como ninguna otra civilización anterior, los romanos le dieron mucha importancia a la armadura, algo inusual para la época, con un peso cercano a los 30 kg. La coraza era un elemento distintivo para proteger el tronco, eran pequeñas piezas de metal unidas por alambre. En cuanto al calzado, utilizaron sandalias militares para protegerse los pies: caligae, hechas de cuero (incluidas las correas) y bien ventiladas. Tenían clavos de hierro en la zona de las uñas del pie para un mejor agarre y ser más duraderas. Más tarde, el Imperio Romano instrumentó el uso de una bota militar.

ORGANIZACión
Durante el imperio (27 a.C.-476 d.C.), la unidad militar básica era la legión de 5,300 hombres, bajo el mando de un legatus; constaba de infantería y caballería. Bajo su mando había siete tribunos militares, de los cuales seis eran oficiales del ordo equester: cinco tribuni angusticlavii, que mandaban sobre dos cohortes, y un tribunus sexmestris, al mando de la caballería. El praefectus castrorum era el encargado de la logística, la artillería y mantenimiento del campamento. La infantería estuvo constituida por diez cohortes, cada una conformada por 480 hombres, que formaban seis centurias bajo el mando de los centuriones. La caballería la integraban en cuatro grupos de 30 jinetes cada uno. Las legiones, increíblemente disciplinadas, eran acompañadas por civiles, entre los que se encontraban comerciantes y prostitutas, lo que ayudaba a que los campamentos alcanzaran el tamaño y la organización de una ciudad pequeña.

Guardia pretoriana
Parte de las más célebres fuerzas militares de la Roma antigua, era una escolta de entre 500 y mil hombres, fundada por César Augusto (27 a.C.) y disuelta por Constantino I (312 d.C.). No participaban en las guerras, salvo que el emperador estuviera al frente de la batalla, y recibían el doble de paga y más beneficios que los otros militares. Con el paso del tiempo se transformaron en un instrumento de poder y muchos emperadores fueron depuestos por la Guardia pretoriana.

Beneficios SOCIALES
En un principio ser parte del ejército era un privilegio para las clases adineradas; más adelante (siglo I a.C.), una oportunidad para toda clase de ascender socialmente. El servicio era para personas entre 17 y 60 años; hasta los 45 años estaban en las campañas militares y después defendían las ciudades y recibían una paga suficiente para solventar alimentos, ropa y armas. Bajo el emperador Caracalla (186-217 d.C.), el salario era de 5,000 denarios al año. Los individuos se alistaban por 25 años en el ejército, y al concluir su servicio recibían beneficios de jubilación (pensión, finca), lo que les permitía un retiro sin preocupaciones.

MURALLAS
Durante el siglo II a.C., los romanos perfeccionaron sus modos de defensa contra los bárbaros, al edificar barreras físicas de variadas longitudes. El ejemplo más impresionante es el llevado a cabo por el emperador Adriano en el sur de Escocia: hizo levantar una muralla a la orilla del mar de casi 200 km de longitud; cada kilómetro y medio había una estación de vigilancia.

Armamento
El principal avance hecho por los romanos fue idear un catapulta más pequeña, montada en un marco de hierro y con ruedas para ser desplazada en el campo de batalla: las lanzas de casi 70 cm de longitud alcanzaban una distancia de poco más de 600 m y su precisión y poder eran sorprendentes; en el siglo I, el emperador Vespasiano, durante su campaña en Britania, halló un cráneo perfectamente atravesado por una de estas catapultas. Otras armas eran el pilum, un asta de madera de 1.2 metros de longitud con un taco de madera de forma cónica que se insertaba en una vara de hierro, era arrojado al enemigo a unos 20 metros; y la ballista, enormes máquinas que disparaban proyectiles de 45 kg; y el scorpio, el cual lanzaba dardos de hierro finos, que podían alcanzar una distancia de hasta 400 m.

Combate
Su estrategia les valió históricos triunfos, la cual se basaba en formaciones que, tiempo después, fueron emuladas por ejércitos: la falange, que se dividía en seis filas con un frente de 500 pedites (infantes); a los lados se colocaban 1,200 velites (infantería ligera); la caballería prestaba su apoyo. Los manípulos, en la que cada legión se presentaba en tres líneas de infantería: los hastati (soldados jóvenes) en la primera fila. En una segunda línea, uno de príncipes (cerca de los 30 años). Los triarii (veteranos, un frente de 20 soldados por tres de fondo) eran una tercera línea y cubrían los intervalos de los príncipes. El Triplex acies, formada por cohortes, creaba un frente de tres líneas: cuatro de ellos en la primera, tres en la segunda y tres en la tercera. Las tropas auxiliares y la caballería, en las alas. La cuña, presente a partir de Diocleciano y Constantino, se adoptó del modo germano: constaba de una cuña truncada en forma de trapecio con el menor de los lados paralelos frente al enemigo.

Campamento
Un factor importante para el éxito bélico romano fue la construcción de campamentos, permanentes (stativa) e invernales (hiberna), para habitar durante las largas campañas. Para su emplazamiento generalmente usaron la forma cuadrada y, durante el Imperio, la rectangular. Estaba protegido por un foso y el vallum, que consta del agger (terraplén); para ello aprovechaban la tierra obtenida del foso.

FUENTES James, Peter y Thorpe, Nick. Ancient
Inventions/Wikipedia/roman_empire.net